La sonrisa maliciosa

En 1947 Federico IX de Dinamarca nombró a Niels Bohr caballero de la Orden del Elefante y éste decidió incluir en su escudo de armas el símbolo del Yin y el Yang con la leyenda «Contraria sunt complementa»: los opuestos se complementan. Su elección era inevitable ya que consideraba que su mayor legado científico era el «principio de complementariedad», reflejo del equilibrio del universo. Así como el Yin y el Yang cohabitan armoniosamente en la filosofía taoísta, también en la física cuántica los opuestos se entrelazan y dejan ver realidades más grandes. Para comprender lo que parece confuso hay que aceptar la luz y la sombra como partes de un mismo todo. Muchas perspectivas y verdades aparentemente opuestas son necesarias para entender fenómenos complejos.

La complementariedad se puede aplicar a ámbitos alejados de la física cuántica, por ejemplo, al turismo, donde coexisten realidades contradictorias sin excesiva concordia. En 2025 España recibirá cerca de 98 millones de turistas extranjeros, ocupando el segundo puesto del ranking mundial, y los residentes de nuestro país realizarán más de 240 millones de viajes en España. Estas cifras confirman el dinamismo del sector y lo consolidan como pilar esencial de nuestra economía (el 13,1 % del PIB). El turismo forma una tupida red de interacciones que moviliza alojamientos, transporte, restauración, ocio y comercio: un ecosistema complejo muy profesionalizado que genera riqueza y sostiene a miles de empresas y empleos.

Aunque estos beneficios son evidentes, van acompañados de efectos secundarios no tan positivos. En algunas zonas el aumento de los alquileres llega a «expulsar» a los residentes locales (gentrificación) y se puede perder la identidad local en barrios tradicionales convertidos en parques temáticos. También es indudable que el sector se caracteriza por la precariedad laboral, con empleos temporales y salarios entre los más bajos del mercado laboral.

No es fácil la convivencia entre el Yin y el Yang de esas realidades discordantes, que se agrava por otros efectos menos evidentes. Algunos expertos hablan de «la trampa del turismo». El auge del turismo, según Marko Jukic, es «una señal de alarma de una economía que está fallando en todo lo demás». Este auge hace engordar las estadísticas del PIB y del empleo, pero indirectamente genera la precariedad de muchos hogares.

Turismo, comercio, agricultura y construcción son actividades económicas de poco valor añadido, que emplean mano de obra poco cualificada y atraen a muchos inmigrantes. No es extraño que, en zonas de alta afluencia turística, se incremente sistemáticamente el porcentaje de personas en situación de pobreza y se cree una lacerante brecha social. De hecho, las comarcas más turísticas de la Comunidad Valenciana son las que sufren mayores porcentajes de pobreza, y las menores rentas medias por unidad de consumo. En esta situación se encuentran todas las comarcas costeras de la provincia de Alicante y la comarca castellonense del Baix Maestrat (Peñíscola, Benicarló y Vinaroz). A ellas se suma La Safor, que es la de mayor porcentaje de pobreza y la segunda con menor renta media entre las quince comarcas de Valencia.

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, señalaba hace poco que la buena marcha de la economía españolase debe en gran medida a la inmigración. Lo mismo ocurre con la «buena marcha» de la economía en Gandia, que el gobierno local exhibe como fruto de una gestión excelente, con cifras de crecimiento poblacional y creación de empleo. Sin embargo, esta imagen no deja de ser una triunfalista sonrisa maliciosa que oculta, arrinconadas en el patio trasero, asignaturas pendientes sin resolver. La complementariedad de Bohr implicaría que el Ayuntamiento abordara cuestiones como las condiciones de vida, el acceso a la vivienda y el fortalecimiento de los servicios sociales, y que también fomente decididamente un tejido empresarial con mayor valor añadido.

Un modelo de prosperidad que utiliza el turismo como parche y deja desatendidas necesidades básicas, conduce hacia una sociedad fracturada y desigual. No es responsabilidad del sector turístico solucionar esas carencias, ya que las respuestas deben venir de las administraciones, promoviendo políticas que permitan condiciones de vida dignas a aquellos que perciben los salarios más bajos.

Un poco de armonía entre el Yin y el Yang no es mucho pedir.

Gandia, 10 de septiembre de 2025.

Publicado en la edición de La Safor del Levante-EMV el 11 de septiembre de 2025.

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